Por Sergio Camarillo
Esta es la tercer y última parte de las peripecias de un creativo filmando un comercial de televisión; adelante, pásale.."¡Son deacinco, sondeacincooo!"
Hoy es miércoles y por alguna extraña razón me despierto temprano (bueno, la razón es que tengo que chambear) . Tengo hambre, anoche me acosté con una barra de chocolate y una coca -bueno, no me acosté con ellas, me las cené y luego me acosté (no se si quedó más confuso o más claro, pero bueno) el asunto es que me desperté con hambre- aunque la corrección de color sería hasta las tres de la tarde y en teoría podía levantarme tarde, las tripas querían trabajar , así que me levanto a las 8:30, me baño y me dirijo al restaurante del hotel; de camino le mando un mensaje al Charly por si andaba en las mismas que yo.
Bajo del elevador, ubico el restaurante y lo de siempre, a revisar que están jambando los demás para ver si se ve rico y pedir lo mismo. Llega el capi, me ofrece café, jugo y la carta, atrás de él viene otra persona con una canastita con pan dulce, todavía no toca la canasta la mesa y ya le falta un pan, la mitad está en mi mano la otra se integra dulcemente a mi anatomía, mmm, suena mi cel, es un mensaje, “ahí te alcanzo” contesta el Charly. Un jugo, otro pan y en la segunda taza de café llega Charly. A un lado de nosotros llega un personaje político a desayunar, Charly lo identifica primero, yo tardo en reconocerlo, es “Chema”, si el “Chema” que fue alcalde.
El desayuno, rico y abundante como por lo general es en el De Efe, el único pero fue tener que compartir espacio del restaurante con el tal Chema. Pagamos la cuenta, subo a recoger mi maleta y bajo al lobby, donde ya estaba el Sr. Enrique, nuestro chofer. Él está en el mostrador tratando de conseguir un voucher que previamente alguien de la compañía productora firmó como garantía de que si eramos un par de gamberros durante nuestra estancia en el hotel, alguien pagaría. Saludo a la señorita del mostrador y le entrego la llave electrónica de mi cuarto. Ella echa un vistazo a su monitor y me pregunta dulcemente - “Todo bien Sr. Peña”, -“Todo bien, gracias” replico yo, mientras el Sr. Enrique pone cara de “What?”.
Un par de preguntas más y ya estamos en la camioneta el Charly, el Sr. Enrique y yo, el Ex Sr. Peña. Por fin, ya me siento Sergio otra vez.
“¿A dónde?” Pregunta Enrique. Nos dirigimos al museo de antropología, un breve paseo entre estos agitados tres días. Algunos minutos y albures más adelante llegamos al histórico recinto. ¡Que chulada de museo!, hacía muchos años no visitaba este lugar y me sigue sorprendiendo. En nuestro rápido recorrido de dos horas, no vimos ni la mitad del museo. Una de las salas en particular me gustó ya que en ella retratan la cultura urbana del defeño, se llama “Citámbulos, una guía para perderse en la ciudad de México”
“En agandalle somos vanguardia” se puede leer en los muros de esta exhibición. La frase me pareció de lo más contundente, para definir una cultura donde la vía pública es tierra de nadie, o mejor dicho de quien ponga los botes primero. “La ciudad es una criatura de tres cabezas que tiran en direcciones opuestas” rezaba otro muro. Ejemplos de esta muestra resultan entre bizarros y cómicos: Una “Ñora” que disecó a su perrita para no sentirse sola,“un video de un “cholo” que gritaba “¡Hip Hop por siempre!”, un monitor con música de cumbia ballenata, me sugestiona mentalmente para gritar en voz alta “pirrri pi pi piiiiiii” como el Vítor.
Salimos del museo, sólo para entrar a otro de mayor tamaño y mayor actualidad; “¡¡Dea cinco, dea cinco dea cinco, son de acincooóó”, pa´seleeéé, pepitas, nueces, cacahuates, pistaches, almendras, piñones pelados, pa seleeeéé!!”. Cruzando Reforma está Chapultepec. Acá hay niños, polis, “gente normal”, “gente rara”, “gente que no parece gente”, en fin, mucha gente, lo cual no está nada mal para un miércoles a media mañana. Puesteros, vendimias y payasos albureros que gritaban; “¡Un premio al que “acomplete” esta frase… el chavo del… a que no puedes comer…. Todo lo que sube… al mal paso… diecisiete por diecisiete...” Sí, yo tampoco pude contestar la última.
Otra hora y media de caminata por el bosque de Chapultepec, (Para que dejes de pensar en eso, la respuesta es; doscientos ochenta y nueve) salimos y le llamamos a Enrique, él ya estaba fuera del museo, en cinco minutos nos localizó y nos llevó al sur de la ciudad, pasamos la “monumental” Plaza de Toros México, el Estadio Azul, el “Peje vial” …así le dicen, ¡yo que culpa tengo!
Llegamos a la corrección de color con tiempo suficiente para comer antes de entrar, ubicamos una taquería “El Fogonazo”. Una crema de frijoles con fideo, un taco de pastor, uno de costilla y otro de arrachera, para no extrañar lo regio. Buena comida en mesa banquetera en el marco de un excelente clima. Después de comer es tiempo de ir a darle a la corrección de color de lo que filmamos un día antes, muy a pesar de la Lola.
Una gran puerta roja con el típico botoncito para anunciarte y de inmediato el guardia. Nos pasan y nos guían a la sala donde ya trabajaban el director y el operador del equipo, revisamos algunas tomas, intercambiamos ideas y los dejo trabajar. De rato llega el buen MAO y como siempre, un mar de atenciones y gentilezas, “¿Cómo están ustedes? y al cliente ¿qué le pareció?” Llegó el momento de platicar algunos detalles, pensé.
“Pues fíjate que Lola, para acá y que Lola para allá…”, reclamamos lo que nos pareció incorrecto y destacamos lo que estaba correcto. Siempre educado, MAO escuchó todo el asunto y prometió tomar cartas en el asunto (que frase tan desgastada) pero bueno, el material se ve bien, aunque el buen trabajo de muchos se opacó con la mala actitud de pocos.
Mientras platicábamos llegó Poncho, el fotógrafo del comercial y le dio su valor agregado, en cuanto estuve y estuvimos contentos con lo que veíamos le llamamos a Enrique para que nos llevara al aeropuerto. De nuevo en la camioneta, podía conocer capítulos nuevos de la vida del buen Don Enrique, una persona que lo que tiene de edad lo tiene de gentileza.
En el aeropuerto tratamos de cambiar nuestros boletos para un vuelo anterior pero no fue posible, así que a comprar revistas y un libro, ir por una cerveza con unos nachos y ver la Serie Mundial de Baseball para matar el tiempo. De rato ya estábamos en la sala, de rato en el avión y de rato en Monterrey, ¡vaya que la vida se va en ratos! de camino a la casa recordaba las frases que seguido decimos en SrS, una de ellas, muy conocida por algunos colegas: “las cuentas se ganan por creatividad pero se pierden por servicio”. Espero espantar de mi forma de ser todas las Lolas que puedan opacar un brillante mío y de mis compañeros. Finalmente estamos para crear y no para destruir, aunque solo sean 60 segundos de publicidad televisiva.
¡Felices campañas!
Sergio Camarillo
Con experiencia de más de veinte años en la publicidad, Sergio ha colaborado en varias agencias y casas productoras de Monterrey tales como Creatividad Efectiva y Sr.Smith, manejando cuentas como CCM, Vitromex, Ternium, BAT, Grupo Cementos Chihuahua, Nic.MX, Gilsa, Sigma Alimentos, Las Alitas, Cinsa,entre otras.
Actualmente se desempeña como Creativo Senior y Líder de Proyectos en Sr.Smith y piensa en volver a la ciudad de México pronto, para "acompletar" acertadamente la pregunta al payaso de Chapultepec.





